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lunes, 16 de junio de 2014

El caso del oboe perdido


 Aunque por el título parece más una nueva aventura de Sherlock Holmes, o uno de esos relatos que escribo en mi blog oficial, resulta que es una realidad tan cruda y palpable como que mañana tengo que presentarme antes el juzgado y declarar sobre algo que ni me va ni me viene.

 Bueno quizá si me va y me viene porque está relacionado con mi trabajo y la empresa de transportes que nos traen las piezas. Me explico.

 Trabajo en la sede central de los juzgados de Madrid. Desempeño el puesto de responsable de grabación digital y videoconferencia (aunque mi sueldo y mi categoría profesional indiquen que soy un pringado más de la plantilla) El caso es que una de las miles de funciones de mi puesto es recepcionar el material que pedimos y nos sirve para reparar los equipos informáticos y de grabación. Que os aseguro son muchos paquetes al día. Por lo visto en una de esas firmé la llegada de un paquete que iba dirigido al juzgado de instrucción número 32 del mismo edificio. Algo que debía ser una prueba muy importante. Un oboe.


Durante mi permiso de paternidad mis compañeros me dijeron que habían venido preguntado por el oboe. 
¿El oboe? dije yo. ¿Un chiste? ¿Una aplicación nueva que se iba a implantar? No, un oboe de verdad.
Yo siempre reviso todo lo que llega y ni oboe ni gaitas. Yo no he firmado la recepción de nada ni he visto el puñetero oboe. 

Lo primero que me hace gracia es cómo entre distintos juzgados, policía, sedes estatales o lo que sea se mandan cosas tan importantes por correo ordinario. Es para partirse de risa. Así funciona la justicia española.
Y lo segundo que yo había firmado, según la policía judicial que vino a buscarme a mi puesto, en una de esas PDA que llevan los transportistas de hoy en día la recepción de dicho paquete. Pues resulta que la empresa Tourline jamás había traído hasta la fecha dispositivo alguno como ese. (Que luego hablando, una vez me reincorporé de la baja, con uno de los transportistas habituales me dijo que se la dejan en la furgoneta porque es un coñazo ir cargando con ella).

Así pasaron los días y llegó a mis oídos que volvería la policía judicial a hablar conmigo. Aquí he pasado los días en mi puesto y no se presentó nadie. Pero sí que lo hicieron la semana pasada en casa de mis padres con una citación judicial para declarar mañana martes. Yo no vivo ni estoy empadronado allí desde hace más de diez años...y obligaron a mis padres a firmar ¿?¿? ¡Eso es ilegal!

Aparte del susto que se llevaron mis padres. Su hijo tenía que ir a juicio. Así que después de que mi padre me pasara la citación me toca mañana presentarme a declarar. Por supuesto puse en conocimiento de mi empresa el tema ya que todo esto es algo interno que afecta al desarrollo de mi trabajo y puesto.

Y siguiendo toda la lógica de la historia a mi empresa le importa un bledo.

Mañana os contaré cómo ha ido.

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